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Lunes, 25 de julio de 2005
Un plato que la cultura tradicional ha querido unir a la cocina propia de la Semana Santa es el arroz con leche. Reconstituyente sin igual para después de los trasnoches cuando casi en la madrugada retornamos a casa después de haber vivido en la calle una estación de penitencia, impregnados todavía en el azahar de primavera, el incienso de gloria y la cera de penitencia. Dicen que el arroz con leche es un plato que incita a la meditación, sobre todo cuando lo tomamos en la soledad y la quietud que nuestra cocina tiene cuando alborea y se presienten las claras del día, cuando aún no han dejado de retumbarnos en las sienes los tambores y el clamor de las trompetas procesionales. El arroz con leche, desde la blancura inmaculada de su apariencia, ha constituido en los conventos, además de un delicioso plato dulce, todo un tratado de símbolos sólo entendibles por los iniciados en latines y santas correrías por los claustros y las alacenas. Así, es costumbre en algunos monasterios que sobre la fuente que lo contiene se coloque una plantilla de cartón, perforada con el dibujo o el nombre que se desee, que es espolvoreada con canela molida para decorarlo con crípticos nombres y figuras. San Juan Evangelista nos dejaría escrito en el Apocalipsis: "Os aconsejo comprar el oro acrisolado por el fuego para que os enriquezcáis, y vestiduras blancas con que cubriros", es decir, en suma, adquirir el amor de Dios (el amarillo) y la sabiduría (el blanco). ¿Pero qué sino representa la canela dorada sobre el blanco del arroz con leche, sino el oro sobre las vestiduras blancas de los que habrán de vencer y ya no habrán de estar sujetos a una segunda muerte?. Lo dicho, un plato para meditar cucharada a cucharada, en la soledad de la cocina al retorno de un trasnoche semanasantero.
Ingredientes: 16 cucharadas de arroz, un litro de leche, 9 cucharadas de azúcar, 3 huevos, una corteza de limón, un palo de canela en rama, canela en polvo y sal.
Preparación: Ponemos el en una cazuela, lo cubrimos con agua, añadimos una pizca de sal, lo ponemos al fuego dejándolo cocer durante cinco minutos, más o menos el tiempo para que se consuma el agua. Echamos entonces parte de la leche, removemos y, teniendo el fuego muy suave, añadimos el resto de la leche, la corteza de limón, el palo de canela en rama y el azúcar. Lo dejamos cocer todo durante 45 minutos, teniendo la precaución de moverlo de vez en cuando para que no se pegue. Pasados los ¾ de hora lo retiramos del fuego y añadimos las yemas de huevo batidas y a continuación las claras a punto de nieve. Movemos bien, quitamos la corteza y el palo de canela, y lo ehamos en una fuente honda que adornaremos finalmente con un enrejado de canela y un poco de azúcar espolvoreada.
Por: ©José María Suárez Gallego | Recetario de cocina tradicional | Comentarios (1) | Referencias (0)
SILVERIO FERNANDEZ | 05-08-2005 21:38:22