Jueves, 07 de abril de 2005
Por el Ilmo. Sr. D. Enrique Gómez Martínez.
De la Real Academia de la Historia y del Instituto de Estudios Giennenses.
Viernes, 7 de abril de 2006
Momento del pregón de la Semana Santa guarromanense a cargo del investigador, académico, cronista y colono de honor D. Enrique Gómez Martínez.
Ilmo. Sr. Alcalde, Corporación Municipal, Sr. Director y consejeros del Seminario de Historia y Cultura Tradicional “Margarita Folmerín”, Hermanos Mayores, Presidentes y Cofrades de las Hermandades y Cofradías, Sr. Presidente de la Peña Flamenca “Fuentecilla”, Señoras y Señores, amigos y amigas.
Es grato para mí venir a esta hospitalaria ciudad de Guarromán para pronunciar el Pregón Oficial de la Semana Santa de 2006. Muchas gracias a José María Suárez Gallego, por invitarme en su día a estar en esta, hoy viernes de Dolores, para hablarles de una efeméride singular para los cristianos y en especial para quienes somos católicos, como es la semana en que conmemoramos la pasión, muerte y resurrección de Ntro. Sr. Jesucristo.
Gracias a todos ustedes por estar esta noche asistiendo a este Pregón y mi gratitud especial, José María, por las palabras de presentación que son fruto de nuestra antigua amistad. Amistad que me ha hecho vincularme a Guarromán, año tras año, desde que en 1993 me nombrasteis Colono de Honor de la Hermandad de Colonos de la VII Generación. He compartido con vosotros ratos muy agradables en torno a la cultura y a la gastronomía, por lo que venir a esta localidad no es nuevo para mí.
Vengo de una ciudad casi vecina vuestra, Andújar, situada como bien sabéis en la actual Nacional IV o E 5, el antiguo Camino Real Madrid-Cádiz, donde nace Guarromán en 1767, por lo que el próximo año cumpliréis 240 de existencia. Desde aquel 24 de agosto en que llegaron las primeras familias extranjeras, vuestros antepasados, la tradición religiosa aquí ha sido una constante. Tradición unida a la Inmaculada, Patrona de las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena y Andalucía. Devoción a la que se consagró la parroquia, siendo la estructura parroquial la única que reconoce el Fuero de las Nuevas Poblaciones; porque la esencia del cristianismo está en ella, a la que debemos pertenecer todos y colaborar en su sostenimiento y engrandecimiento.
Porque tenéis que saber que los Ilustrados del siglo XVIII deseaban sacar al pueblo de la ignorancia para lograr el progreso, propugnando a la vez una Iglesia nueva, más en consonancia con los Evangelios; de ahí que se prohibieran las romerías en España, como pasaría con la celebrada en Sierra Morena en honor a la Virgen de la Cabeza, actual Patrona de la Diócesis de Jaén, siendo la autoridad civil quien retirara los Estatutos u Ordenanzas a las cofradías y ordenara la no asistencia como tales a la fiesta de finales de abril.
Por tanto no os debe sorprender que en Guarromán no se autorizara, en principio, nada más que una Hermandad, la de las Hijas de María, integrada sólo por mujeres solteras y dedicada a la Inmaculada Concepción, por ser la advocación a la que el Rey Carlos III tenía gran devoción. Años después nacería la Hermandad de la Virgen de los Dolores, formada por mujeres casadas. Tradición que habéis sabido mantener como seña de identidad.
Como en otros pueblos, más tarde surgiría la Hermandad de Ánimas, autorizada por Pablo de Olavide, con el fin de mantener el decoro de los templos. Las cofradías de ánimas ya existían en España desde muchos siglos antes, solían tener bastantes cofrades.
A mediados del siglo XIX, aunque no hay datos documentales, pero sí orales, nacen otras cofradías, como la de Jesús Amarrado a la Columna, conocida por “El Amarrao” o por “los Blancos”. La del Santo Entierro, “los Negros”; con el objetivo de sufragar el sepelio de los hermanos fallecidos, y la de Nuestro Padre Jesús Nazareno, “la de los moraos”. Veis como el carácter popular de estas cofradías, hace que sean conocidas por el color de las túnicas. El pueblo sabio enseguida supo cómo diferenciarlas, sin necesidad de llamarlas por el nombre oficial de las imágenes que procesionaban. Esta es la fuerza de la religiosidad popular.
Religiosidad tradicional que no sabe de ataduras institucionales y que expresa su fe de manera sencilla y abierta, que termina siendo aceptada por todo el pueblo e incluso por la propia iglesia.
Con motivo de la Guerra Civil, como bien sabéis, dichas tres Hermandades desaparecieron, para volver a constituirse la del Nazareno en 1947; tomando sus cofrades el acuerdo de adquirir lotería de El Niño, para con los beneficios recibidos de las participaciones de una peseta, poder comprar una nueva imagen. Para ello tuvieron que pedir dinero prestado a los Hermanos, comprando dos mil pesetas en Lotería Nacional.
Serán los cofrades de Ntro. P. Jesús Nazareno quienes re reúnan en el Ayuntamiento el día 26 de abril de 1954 para constituir las Hermandades del Santo Entierro y del Amarrado a la Columna, acordando que los hermanos de las tres cofradías puedan a su vez pertenecer a dos o a todas.
Pasarán bastantes años hasta que en 1995 se constituya la Hermandad de la Entrada en Jerusalén, “La Borriquita”, que el Domingo de Ramos procesiona acompañada de niños vestidos de hebreos llevando palmas y ramas de olivo, mientras que los demás cofrades visten túnicas blancas con capas amarillas.
La presencia infantil en esta Hermandad es importante porque representan la semilla que un día crecerá para continuar la tradición heredada de sus padres. No olvidemos nunca que los niños son el futuro de la pervivencia de las Hermandades de Semana Santa, sin ellos volveremos a épocas de crisis como la sufrida en la década de los setenta del siglo XX. Ya hoy comienzan a faltar costaleros, por lo que todas las Hermandades debéis trabajar para atraeros a esos jóvenes que con ilusión porten los tronos o “pasos” de vuestras Vírgenes y Cristos. Aunque por ahora en Guarromán sólo sean El Nazareno, la de mayor número de Hermanos, y la del “Amarrado” las que empleen costaleros. Mientras que la Virgen de los Dolores es llevada a hombros por las mujeres durante un tramo de su recorrido.
Muy positivo es que los jóvenes participen el miércoles santo en un vía crucis por las calles del pueblo. De esta manera le inculcaréis la fe y la tradición de la Semana Santa, asegurando un largo futuro a esta celebración litúrgica, a la vez que les aportáis valores ejemplares de nuestra religión.
No debéis olvidar nunca, para así mantenerlas y potenciarlas, para transmitirlas a las futuras generaciones de mujeres y hombres de Guarromán, las señas de singularidad de la semana de Pasión que cada primavera conmemoramos, tal como ocurre el Viernes Santo cuando las procesiones del Nazareno y la Virgen de los Dolores salen juntas para después separarse, y más tarde encontrase en el llamado “Paseo del Santo”, continuando ambas unidas el desfile hasta la iglesia. Allí el pueblo espectador asiste con interés y sentimiento al encuentro de la Madre, llena de dolor, con el Hijo que va camino del Calvario, de la Cruz; símbolo universal del cristiano.
Y ya que hablamos de identidades locales, también lo es vuestra procesión general de la tarde del viernes, pudiéndose escuchar las saetas, ese cántico profundo lleno de fuerza y popularidad, auténtica plegaria, que cantan los miembros de la Peña Flamenca “Fuentecilla” nacida el año 1991, de gran tradición y arraigo en Guarromán y que después de mi intervención nos deleitaran con sus saetas de gran sentimiento.
Pero cuando creo que alcanzáis el máximo de esa singularidad, que os distingue de otros pueblos y ciudades, es el Domingo de Resurrección o domingo de “Pintahuevos”, tradición tan bien estudiada por vuestro Cronista Oficial. Domingo en el que todo Guarromán se va al campo o a la sierra a compartir la comida, a convivir, después de haber resucitado, después de que Cristo Jesús ha vencido a la muerte, lo mismo vosotros, tras la cuaresma; tiempo litúrgico de penitencia y recogimiento, salís a disfrutar de la naturaleza que está en un momento de explosión, de nacimiento a la vida. Esa vida que cada Domingo de Resurrección conmemoramos todos los cristianos. Decorar huevos, herencia de vuestros antepasados alemanes, con bellos y llamativos colores, es una vuelta a nacer. Huevos duros que después servirán para añadir a las típicas “pipirranas”. El huevo es símbolo del nuevo ser que saldrá a la luz, del hombre que surge con la esperanza de un mejor mundo, que nace renovado como nosotros deberíamos hacer tras la Semana Santa.
Si hasta ahora hemos hablado de historia y tradiciones, de señas de identidad en definitiva. Ahora deseo pediros que reflexionemos juntos sobre el sentido espiritual de la Pasión de Jesús, del que nos quedó un símbolo sencillo y claro pero a su vez de enorme fuerza y mensaje, la Cruz.
Nuestro Sr. Obispo, D. Ramón del Hoyo López, en su mensaje a las Hermandades y Cofradías de la Diócesis con motivo de la cuaresma y de la inminente Semana Santa, les dice: “Para el no creyente la cruz no es más que un patíbulo, una vergüenza, donde se purificaban los crímenes. Para el creyente cristiano es algo muy distinto: La cruz supone despojo, pero está llena de esperanza. Es la cruz de luz, cruz gloriosa.
Especialmente durante el tiempo cuaresmal debemos procurar que nuestros ojos se acerquen y se cansen de mirar atónitos ante el madero pelado de la cruz con Jesús crucificado, o incluso sin Él. Debemos permitir que nos interpele y escuchar que allí radica la verdadera sabiduría, la clave para interpretar la vida, la fuente perenne de esperanza.
La cruz nos habla, prosigue nuestro Obispo Diocesano, y dice que para vencer y rectificar caminos no sirven las armas fabricadas a nuestra medida. Necesitamos las armas de Dios, y el arma de Dios es la Cruz porque en ella fue vencido el Maligno de una vez para siempre.
Cuando miremos a la cruz como instrumento de salvación sentiremos en nuestro interior que “esta guerra no es nuestra sino de Dios” (2 Cor 20, 15) y es el Señor quien lucha por nosotros”.
Concluye D. Ramón del Hoyo diciéndonos: “El misterio de la cruz sólo lo comprenden los débiles y pequeños. Sabiduría no fácil de entender para hacerla nuestra.
Miremos el árbol de la cruz, patíbulo de muerte para unos, idiotez para otros, sabiduría y fuerza de Dios para nosotros los creyentes; árbol de la vida”.
Sin lugar a dudas le reflexión sobre el significado de la cruz, para nosotros creyentes, que nuestro Obispo nos hace, es magnífica, está llena de alegría, de triunfo de la vida sobre la muerte, de resurrección. Vida después de la vida, que es lo que esperamos los cristianos. De ahí que se nos diga la cruz es “árbol de la vida”, esa vida de la que antes hablé cuando me refería al Domingo de Pintahuevos, que vosotros vecinos y vecinas de Guarromán practicáis cada año, que habéis sabido mantener generación tras generación.
Pero qué debe ser para el cristiano, cofrade o no, la Pascua del Señor. Cómo debemos vivir nuestra fe ahora y siempre. A estas preguntas nos debemos contestar, en especial quienes formemos parte de una Hermandad, que todo el año tiene que ser preparación para llegar al Domingo de Resurrección. Porque la Semana Santa no puede ser solamente una celebración anual, donde las cofradías procesionan las imágenes de sus titulares, no puede ser mostrar ante propios y extraños la riqueza de sus “pasos” o “tronos” que las llevan, cosa que aunque importante, no debe quedarse ahí, ha de ser mucho más. Más compromiso personal y colectivo como cofrade o hermano y como Hermandad.
Vestir una túnica a modo de penitencia no deberá ser sólo un signo externo obligado por unos Estatutos, tendrá que significar asumir con más responsabilidad el papel que ella conlleva siempre en nuestro día a día. Un cofrade debe serlo y demostrarlo a diario toda su vida, no olvidarlo nunca. Porque como creyentes en Jesús que murió en la Cruz, hay que dar testimonio permanente.
Como seglar me parece, en muchas ocasiones, que quienes se acercan a las Hermandades, son como los que se sacan el carné de un equipo de fútbol. Me preocupa que haya personas que confundan una cofradía religiosa con un club social, que a veces sólo busquen reconocimientos o prestigio social personal, olvidando los principios básicos de nuestra religión. Por eso si somos hermanos en la fe de Jesucristo y nos unimos para rendirle culto en asociaciones de la iglesia, nuestro compromiso y ejemplo debería ser continúo. Con esta actitud seremos evangelizadores de quienes no creen. De lo contrario daremos motivos al agnóstico para reforzar su punto de vista y posición ante su nula creencia en Dios.
En una sociedad tan secularizada, la Semana Santa no se puede quedar únicamente en una manifestación cultural y popular. No serán unas fechas para vacaciones; aunque tampoco lo que fueron en tiempos pasados cuando las libertades personales estaban muy restringidas. Por eso hoy en día los católicos tenemos un mayor compromiso de testimonio en esta Semana de Pasión. Dar testimonio, no es sinónimo de conservador, de trasnochado, de permanecer añorando el pasado, en lo absoluto. Dar testimonio es compromiso de trabajo por los demás, desde la libertad personal hoy garantizada. Libertad que hizo que todas las manifestaciones religiosas, con un marcado acento popular, se potenciarán y aumentarán a partir de la década de los ochenta del siglo XX.
Vosotros vecinos y vecinas de Guarromán no deberéis olvidar nunca de dónde nace el origen de vuestra Semana Santa, de esas tradiciones que habéis mantenido como señas de identidad, únicas e irrepetibles, para seguir trabajando en potenciarlas y difundirlas.
Y quienes sois cofrades o hermanos de las sagradas imágenes que veneráis, deberéis tener presente siempre el compromiso con la iglesia, a la que pertenecéis desde el bautismo, y con vuestra hermandad para dar siempre testimonio público de fe, trabajando por y para ella y el prójimo; ya que todos somos hermanos en una única fe en Jesús que cada día debe resucitar en nosotros.
La Semana Santa de Guarromán ha quedado pregonada. Muchas gracias.
Por: ©José María Suárez Gallego | Escritos sobre Cultura Tradicional y Antropología | Comentarios (0) | Referencias (0)