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Miércoles, 25 de noviembre de 2009

Por: ©José María Suárez Gallego | Artículos de prensa | Comentarios (0) | Referencias (0)
Miércoles, 25 de noviembre de 2009
José María Suárez Gallego
Publicado en diario
el domingo 22 de noviembre de 2009.

Como diría el ínclito Homer Simpson, la Navidad es “omnívora”, tal vez porque ya desde estas fechas tan tempranas comienza a fagocitarnos sin distinción de sexo, raza o estatus social.
El espíritu navideño, surgido en sus orígenes de un sentimiento religioso afincado en el corazón, ha ido en la sociedad de consumo emigrado del ámbito de las emociones entrañables a la banda magnética, o al más moderno microchip, de la tarjeta de crédito. Hasta san Antón pascuas son, se decía en aquellos tiempos que no había cajeros automáticos. Hoy las pascuas llegan hasta las rebajas de enero, en la frontera misma de la fecha en la que Visa nos cobra un nuevo recibo.
La llamada cultura del regalo navideño me resulta a veces incomprensible, imprevisible, incombustible, paranoica, y llegado el caso hasta insensata. Pongo un sólo ejemplo: Si nos sentimos pachuchos y acudimos al médico –mucho mejor si es amigo nuestro--, una vez que le hemos relatado los síntomas de nuestras dolencias, seguro que nos quita del tabaco, del alcohol y de las grasas animales; esto es, las que de toda la vida se han pegado al riñón y al pulmón; las que más nos gustan pese a ser las más insanas. Pues bien, cuando llega la Navidad y pretendemos corresponder a los desvelos que nuestro médico amigo ha mostrado por nuestra salud, le solemos regalar una caja de puros habanos (los Cohíba son una pasada), o una botella de buen whisky (el Macallan de 30 años pasa ya de los 500 euros), o un jamón ibérico pata negra de esos que su tocino perfuma todos los ambientes.
Es decir, acabamos obsequiándole a nuestro médico amigo todo aquello que precisamente él, bajo su criterio de facultativo, nos prohibió unos meses antes pretendiendo mejorar nuestra salud. “Consejo vendo, y para mí no tengo”, que dice el refranero.
Cada vez le voy profesando un mayor fervor al “ligeros de equipaje” de don Antonio Machado, y es por ello por lo que agradezco los regalos que no puedan en modo alguno sobrevivirme. Sobre todo si son exquisitamente digeribles.
Por: ©José María Suárez Gallego | Artículos de prensa | Comentarios (0) | Referencias (0)
Viernes, 13 de noviembre de 2009

De izquierda a derecha: D. Jesús Fernández Alonso, asesor de la Asociación “28 de Febrero”, de Linares, Premio Olavide “Iniciativa Cultural”; D. Víctor Sánchez Pérez, secretario del Seminario “Margarita Folmerín”; Dª Gema Padilla Cárdenas, directora de programación de Radio Europa (Premio Olavidia “Margarita Folmerin); D. Pedro Marcos García López, director de Relaciones Institucionales del SEPES (Premio Olavidia “Campana de la Concordia”); D. Pedro Galera Andreu, consejero director del Instituto de Estudios Giennenses (Premio Olavidia “Octava Generación” memorial Isidoro Ruiz Martínez); D. Alberto Jaime Martínez Pulido, párroco de Villanueva de la Reina (Premio Olavidia “Juan Pablo Moris Crespo”); Dª Simona Villar García. Vicepresidenta de infraestructuras de la Diputación de Jaén (Premio Olavidia “Octava Generación” memorial Isidoro Ruiz Martínez); D. Antonio Rusillo Pradas, director de Radio Europa (Premio Olavidia “Margarita Folmerin); D. Antonio Almazán Ojeda, alcalde de Guarromán; D. Luis La Rubia Espinosa, médico traumatólogo (Colono de Honor 2009); D. José María Suárez Gallego, presidente del Seminario Margarita Folmerin y cronista oficial de Guarromán; y D. Juan Castilla Brazales, director de la Escuela de Estudios Árabes del C.S.I.C. (Premio Olavidia “Martin Scheroff)
Ver la relación de Premios Olavidia y Colonos de Honor 2009 (pdf)
(Crónica de Silverio Fernández. 26/10/2008)
Reconocimiento público a una buena labor social. El patio de las Nuevas Poblaciones de la Casa de la Cultura de Guarromán acogió el acto de entrega de los Premios “Olavidia 2009” que otorga anualmente el Seminario de Historia y Cultura Tradicional “Margarita Folmerín”.La gala dio comienzo con el nombramiento de “colono de honor” al médico cirujano y traumatólogo, Luis La Rubia Espinosa, por su meritoria labor como especialista en Traumatología en la capital de Jaén, siendo hoy orgullo de sus paisanos, los habitantes de las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena.Posteriormente, la Entidad Pública Empresarial de Suelo, Sepes, recibió el premio “Campana de la Concordia”. Fue recogido por su Director de Relaciones Institucionales, Pedro Marcos García. El premio se le concedió por su importante y decisiva contribución al desarrollo de Guarromán y su comarca, según dijo el presidente del seminario y cronista oficial de la ciudad, José María Suárez Gallego.Por otra parte, al Instituto de Estudios Giennenses se le entregó el premio “Octava Generación”, como reconocimiento a su trascendental contribución cultural que ha legado a la sociedad jiennense en su más de medio siglo de existencia, constituyendo en la actualidad uno de los mejores baluartes del conocimiento para la resolución de los retos que el nuevo siglo le plantea a Jaén. Fue recogido por su Consejero Director, Pedro Galera Andreu, y por la vicepresidenta de la Diputación, Simona Villar. Además, este premio lleva el nombre del trágicamente desaparecido biólogo de la Universidad de Jaén, UJA, Isidoro Ruiz Martínez, fallecido en un desgraciado accidente en el paraje Natural de La Cimbarrra mientras desarrollaba su labor investigadora.Además, los directores de Radio Europa, de Bailén, Gema Padilla y Antonio Rusillo, fueron los encargados de recoger el premio que lleva el nombre de la madre del primer guarromanense, Margarita Folmerín, por la “meritoria labor con la que esta joven emisora plantea la información y el entretenimiento desde el referente de la cultura tradicional de la Comarca Norte de Jaén”, según se hace constar en el acta del jurado.Por otro lado, en la modalidad de “Iniciativa cultural”, el premio recayó en la Asociación de Promoción Social “28 de febrero”, de Linares, como reconocimiento a la encomiable labor realizada por sus voluntarios culturales, todos ellos prejubilados de Santana Motor, que constituyen un meritorio ejemplo de entusiasmo solidario, compromiso social y eficacia cultural.Asimismo, el premio que lleva el nombre de Juan Pablo Moris Crespo, el guarromanense asesinado en el atentado terrorista del 11-M en Madrid, fue para el profesor y párroco de Villanueva de la Reina, Alberto Jaime Martínez, por los muchos méritos que concurren en su personalidad inquieta, alegre y abierta, no exenta de inquietudes culturales y solidarias, que expone y realiza desde su compromiso religioso y desde el tiempo en el que vive.Finalmente, el premio Olavidia 2009 “Martín Scheroff” fue otorgado al arabista y director de la Escuela de Estudios Árabes del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Juan Castilla Brazales, como reconocimiento a su brillante labor investigadora para conocer y divulgar la cultura árabe en la realidad de nuestro entorno cultural.La estatuílla que se entregó a los premiados representaba el espíritu femenino de la materia mediante el símbolo de una madre con su hijo entre los brazos, según explicó Suárez Gallego.Además, el carolinense miembro directivo de los equipos de notables políticos jiennenses, Juan Carlos Martínez Martínez, excusó su asistencia por motivos de agenda de última hora, por lo que su título le será entregado en la próxima edición de estos galardones.También fueron nombrados colonos de honor los responsables de las entidades galardonadas con los Olavidia. El alcalde de Guarromán, Antonio Almazán, impuso la correspondiente medalla de las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena a todos los condecorados. Asimismo, durante este evento que tradicionalmente se ha llevado a cabo durante el denominado “almuerzo de los colonos”, con el que se conmemora el nacimiento de la primera persona nacida en Guarromán, Nicolás Kerche, hijo de uno de los colonos alemanes traídos a estas tierras bajo el mandato del rey Carlos III, tuvo lugar el homenaje a las ocho generaciones que han colonizado esta zona del Sur de España. Este ritual consiste en hacer sonar mediante ocho toques la campaña que, según indica la tradición, estuvo ubicada en la puerta principal de la casa que el superintendente Pablo de Olavide habitó en la ciudad de Baeza. Cada toque estuvo precedido por las palabras de los premiados, a quienes también se les impuso la beca académica de la institución cultural. El alcalde de Guarromán, Antonio Almazán, hizo entrega al director de Sepes, Pedro Marcos García, de una réplica de la campana con cuyos tañidos se recuerdan a las distintas generaciones de la sociedad, para que se haga sonar en la inauguración de cada anualidad empresarial.La clausura de estos actos la hizo el alcalde Almazán, quien abogó por la cultura y la formación y el conocimiento como pilares fundamentales para una sociedad del siglo XXI. Posteriormente se celebró un almuerzo en honor de los colonos en las instalaciones del grupo La Toja en La Carolina.Al Seminario de Historia y Cultura Tradicional “Margarita Folmerín”, que toma su denominación del nombre de la madre del primer guarromanense, Nicolás Kerche, nacido el 26 de octubre de 1767, pertenecen destacados investigadores, historiadores y etnólogos de diversos centros académicos de España y el resto de Europa.
Por: ©José María Suárez Gallego | Premios Olavidia y Colonos de Honor | Comentarios (0) | Referencias (0)
Viernes, 16 de octubre de 2009
José María Suárez Gallego
Publicado en diario
el domingo 18 de octubre de 2009.

Hace unas décadas, cuando aún pervivía en mí la vocación de científico empedernido, al leer Un Mundo Feliz, de Huxley, creí --ingenuo de mí— que cuando llegaran los tiempos que hoy vivimos, la pretendida “sociedad del ocio” haría de nosotros unos ciudadanos libres instalados en una holganza infinita y paradójicamente provechosa y lúdica. Lo más duro del trabajo –nos hicieron creer entonces-- sería hecho por máquinas sofisticadas que nos permitirían disponer del tiempo suficiente para ser nosotros mismos con todas sus consecuencias.
Pero la realidad de esta malograda sociedad del pretendido ocio en la que cada vez se nos priva más de la libertad de elegir la forma de destrozar nuestro tiempo, no es otra que comprobar fehacientemente cómo las libertades reconocidas en la solemnidad de los papeles oficiales cada vez son más descafeinadas. Libertades de atrezo, la mayoría de las veces, envueltas en el tufillo de la farfolla teatrera.
Los políticos del liberalismo feroz y los financieros de la crisis global se han repartido los papeles de esta farsa. Los primeros pervierten los esquemas de la sociedad del trabajo consintiendo la “basura laboral” en los sectores económicos más rentables, favoreciendo descaradamente los intereses de los segundos. Entre ambos se reparten los dividendos de la democracia virtual. La realidad es que con "menos del uno por ciento" del aporte económico que han hecho los gobiernos para salvar al sistema financiero mundial, se podría resolver la crisis que viven millones de personas víctimas del hambre.
Aquella imagen del Che, con boina y barba revolucionaria, que en otros tiempos era paradigma y bandera del “pueblo unido que jamás será vencido”, la “sociedad adormidera” la comercializa hoy junto a las camisetas de Michael Jackson, las bufandas del Real Madrid, o las medallas de María Santísima del Rocío. Tal vez porque nunca nos dijeron que el gran secreto de la sociedad que nos han diseñado es que: “El pueblo unido puede ser vencido... si se le mantiene entretenido”.
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Domingo, 27 de septiembre de 2009

De izquierda a derecha: La catedrática y vicedirectora del Instituto de Estudios Giennenses, Dª Adela Tarifa Fernández; D. Manuel Rincón, presidente de la Asociación de comentaristas y críticos gastronómicos de Andalucía “Gasterea”, y director del portal fogonrural.es Y D. José María Suárez Gallego, cronista oficial de Guarromán, consejero de número del Instituto de Estudios Giennenses, y coordinador del Consejo consultivo de investigadores locales y cronistas oficiales de la Campiña Norte de Jaén, Prodecan, durante sus interveciones en la mesa redonda.
(Texto y foto de Silverio Fernández)
(Ver noticia en edición impresa de Diario JAEN)
Más de una treintena de historiadores locales, cronistas oficiales, investigadores de Historia y Costumbres Populares, personal docente, técnicos de Cultura, alcaldes y concejales asistieron, en la Casa de la Cultura de Guarromán, al primer Encuentro Comarcal de Historiadores de la Campiña Norte de Jaén organizado por Prodecan y la Diputación Provincial en colaboración con el Ayuntamiento de este municipio.
El evento cultural contó con ponentes de la talla de Adela Tarifa, vicedirectora del Instituto de Estudios Giennenses, y catedrática de Historia, quien disertó sobre la figura de la mujer en la historia de la Campiña Norte. Posteriormente, el cronista de Guarromán y también consejero de número del Instituto de Estudios Giennenses, José María Suárez Gallego, que coordina el Consejo consultivo de investigadores locales de la Campiña Norte, hizo una reflexión sobre el papel que están llamados a desempeñar en el desarrollo de la comarca todos aquellos que se dedican a estudiar la realidad pasada, presente y futura de sus pueblos, augurándole a éste una función de “foro de ideas totalmente abierto que articule y posibilite el desarrollo de las mismas”. Para ello se pretende contar siempre con el apoyo de los técnicos de Prodecam y las ayudas públicas que se dotan cada año para llevar a cabo los nuevos proyectos.
Además, participó como invitado el presidente de la Asociación de comentaristas y críticos gastronómicos de Andalucía “Gasterea”, y director de la web fogonrural.es/, el popular cocinero Manolo Rincón, que basó su conferencia en la defensa y promoción de la gastronomía tradicional y rural en esta campiña.
También participaron el concejal guarromanense Antonio Úbeda y el presidente de Prodecam, Juan Balbín, quien dijo que este organismo pretende crear con este encuentro “un órgano consultivo comarcal permanente al que poder acudir para solicitar cuanta información necesite para elaborar guías de las localidades que conforman esta Asociación”. En ellas se recogerán tanto la historia local como el patrimonio histórico-artístico, la gastronomía, la artesanía y las costumbres tradicionales, senderos, museos y rutas turísticas, entre otras informaciones.
Por: ©José María Suárez Gallego | Actividades del Cronista de Guarromán | Comentarios (0) | Referencias (0)
Domingo, 27 de septiembre de 2009
José María Suárez Gallego
Publicado en diario
el domingo 27 de septiembre de 2009.

Sapo. Ilustración de Michael Sowa.
He escrito en alguna otra ocasión que la televisión es mucho más convencional que la sociedad que la mira, de ahí que no sean mejores los que critican ferozmente a los programas en los que la gente se despelleja, vapulea y vilipendia sin piedad, que los que los siguen y hasta los defienden. Confieso que la otra noche –entono por ello un “mea culpa” implorando la misericordia de los dioses— vi uno de ellos como alternativa de urgencia a una noche desapacible. En el fondo, no tienen otro atractivo que poner de manifiesto a través de la morbosa necesidad que tenemos de curiosear, juzgar y fantasear con las vidas ajenas, lo perra y anodina que es la existencia que solemos llevar tras la puerta de nuestra casa.
La vida, en definitiva, no es otra cosa que lo que le pasa a uno mismo, si bien hemos de aceptar de antemano que la mayoría de las veces uno mismo en realidad son los otros: los que viven en la casa de enfrente, los que se ven en la pantalla del televisor, los que se oyen al otro lado del tabique de la salita, los que vemos hurgarse la nariz en el coche del carril de al lado mientras cambia el semáforo, o quien se nos sienta en frente cuando viajamos en el autobús de regreso a casa. Todos ellos conforman el colectivo anónimo sobre el que arrojamos cada mañana al levantarnos toda la mala baba que es capaz de producir la mediocre realidad cotidiana que arrastramos, o nos arrastra.
Claro está que viendo a tantos jóvenes sobradamente preparados mendigando por el mercado laboral puestos de trabajo submileuristas en los que echar más horas que un reloj, no nos ha de resultar extraño que algunos de ellos se sientan tentados de tirar por el atajo del famoseo del despelleje ofreciéndose como carnaza televisiva para poder sacar el cuello.
La “diosa” Belén Esteban (¡Yo por mi hija mato! ¿Me entiendes?) está poniendo en valor las palabras del viejo Nietzsche: “Di tu palabra y rómpete”. Definitivamente, Darwin se equivocó: El mono es demasiado bueno para que descendamos de él.
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Sábado, 19 de septiembre de 2009

El cronista oficial de Guarromán y consejero de número del Instituto de Estudios Giennenses, José María Suárez Gallego, participa en el I Encuentro Comarcal de Historiador@s Locales de la Campiña Norte de Jaén, con una ponencia sobre la función de los historiador@s locales en el Consejo Consultivo Comarcal de Prodecam (Asociación para el Desarrollo de la Campiña Norte) que aglutina a veinticinco de los noventa y siete municipios de esta provincia andaluza.
El acto será aperturado por el presidente de Prodecam Juan Balbín Garrido, alcalde de Cazalilla, y por Antonio Almazán Ojeda, alcalde de Guarromán, población anfitriona del encuentro.
En la mesa redonda que dará lugar a un posterior debate intervendrán también la catedrática, académica y vicedirectora del Instituto de Estudios Giennenses, Adela Tarifa Fernández, que hablará sobre el papel de la mujer en la Historia; y Manuel Rincón, presidente de "Gasterea", Asociación de comentaristas y críticos gastronómicos de Andalucía, y coordinador del portal http://www.fogonrural.es/ que versará sobre la gastronomía tradicional como argumento turístico.



Díptico del Encuentro (versión pdf)
Por: ©José María Suárez Gallego | Actividades del Cronista de Guarromán | Comentarios (0) | Referencias (0)
Sábado, 05 de septiembre de 2009
José María Suárez Gallego

El paso del tiempo irremisiblemente nos va curando de las secuelas de la juventud. Tomamos conciencia de ello cuando el alma de andar por casa nos pardea, más por el humo de las mil batallas que a trancas y barrancas le hemos ido perdiendo a la vida, que como fruto de la inquina, alevosía y empeño que ponemos en ser literalmente malos. A lo más que llegamos, con mucho empeño, es a cometer pequeñas mezquindades, que puestos a no ser malpensados son más causa de sonrojo que motivo de condena al fuego eterno.
Pero tiene la juventud, además de los bolsillones en los que caben todas las banderas tremoladas por las manos más abiertas de nuestro cuerpo, la virtud de destilarse sólo en el aguardiente de los buenos recuerdos, que más que matar el gusanillo mañanero lo atontolina para que nos aguante un día más.
Era Braulio Cañadas, a quien llamaban Caldibaches, carne de cortijo y de surco. Maestro en atinar pedradas con honda al lomo de las cabras descarriadas desde una gran distancia; sobre todo a la Lechuguina, que no había piedra en la sierra que no llevara su nombre escrito. Cabra tozuda como una mula, que según él, por una teta daba leche y por la otra pólvora, pero sin saber nunca a ciencia cierta por cuál de las dos habría de salir el fogonazo.
Me enseñó aquel medio gañan y cabrero, en los veranos de mi adolescencia, a liar cigarros con tabaco de petaca y a que no se me salieran los ojos cuando tosía mientras me los fumaba. Tal vez fuera por ello por lo que, desde el día que le dimos tierra en el pequeño cementerio de su pueblo serrano, y unas lágrimas apagaron el cigarro que me fumaba por reprimirlas, no volví a ponerme otro entre los labios.
No quiso Dios darle hijos a Caldibaches y a Quiteria, su mujer, pero les regaló a todos nosotros, niños criados en la ciudad con modos de señoricos y con instintos montaraces, que los veranos y fiestas de guardar acudíamos a la sierra, y lo mismo le azuzábamos el perro a sus cabras para darles una "corría" por el prado, que le sacábamos el agua del pozo a Quiteria a cambio de una fuente de rosetas con azúcar. Y como no habían salido nunca de su terruño, ni él tuvo que hacer el servicio militar por haberle tocado la polio la pierna izquierda, nunca habían visto el mar.
Con el primer coche que nos brindó el progreso en los comienzos de la década de los setenta, la sabiduría temeraria que dan los veinte años, y el especial cariño que le teníamos a tan singular pareja, nos los llevamos a que conocieran el mar de Salobreña en plena primavera. Y provistos cada uno de ellos de un corcho de botella de vino, apretado en una de sus manos para, según decían, evitar el mareo que provocaban las muchas curvas del Puerto Carretero, del Zegrí, y otras muchas de otros muchos puertos de entonces, Caldibaches, con el sombrero de ir a las bodas y a los entierros de los parientes cercanos, con tal ánimo y de tal guisa, y algunas horas de camino, dimos en la tranquilidad de las solitarias playas de Salobreña.
Quedóse el cabrero a unos metros de la orilla, y remiraba el horizonte una y otra vez, mientras Quiteria hacía lo indecible para que la brisilla juguetona no le levantara el sempiterno vestido negro de todos sus lutos. Y después de mucho meditarlo, Caldibaches sentenció: "Sabéis que sus digo, que aquí no jaze temperatura como pa que el agua esté jirviendo". Y remangándose los pantalones, quitándose los zapatos y los calcetines, y de cuatro "cojetás", se metió en la espuma de las olas, y desde ella nos gritaba "¡Lo veis, es verdad, el agua del mar jierve estando fría y no quema!"
Quiteria, ante tal temeridad le gritaba mientras ponía orden entre la brisa y su vestido levantisco: "Braulio, no seas loco. Te vayas a ajogar y pa que queremos más". Y Caldibaches, ajeno a todo, tiraba piedras de contento al infinito de las aguas, intentando alcanzar el horizonte. La cabra Lechuguina, que no la trajimos con nosotros evidentemente, libró por esta vez su lomo de todas las piedras que su particular cabrero tenía a su alcance. Quiteria consintió comer pescaillos fritos junto a la playa, aunque nos confesó que “donde se ponga el rin-ran, como me enseñó a hacerlo mi madre, que era de Cazorla, con sus ajos majaos y sus cominillos, sus patatas, sus pimientos choriceros, su aceite de oliva y sin más pescao que el bacalao esmigao, como Dios manda, que se quiten todos los pescaos que viven en aguas que jierven sin calor, que eso parece cosa de locos y cómo no va a ir el mundo como va, perdiíco del tó.”
Cada verano, la primera vez que hundo los pies en la orilla de la playa, meto en el agua el corcho que entonces libró al bueno de Braulio de todos los mareos de ir a conocer el mar, y que me regaló como recuerdo de tan extraordinario viaje. A veces me parece oírlo gritar al sur de las burbujas. Son cosas de la edad, me digo. Compruebo, efectivamente, que la temperatura no es tan alta como para que el mar esté hirviendo, y apretando el corcho me ratifico en todo cuanto decía Caldibaches sobre los misterios de la Ciencia: Es difícil que con una sola piedra pueda alcanzarse el horizonte, aunque él siempre está espiándonos con sus ojos infinitos, imprecisos, innombrables…
Por: ©José María Suárez Gallego | Narraciones | Comentarios (0) | Referencias (0)
Jueves, 20 de agosto de 2009
José María Suárez Gallego
Publicado en diario
el domingo 23 de agosto de 2009.

El psicólogo y médico anatomista del siglo XIX Oliver Wendell Holmes fustigó desde su retranca de profesor “made in Harvard” el puritanismo feroz de sus antepasados, y puso en solfa el de sus coetáneos bostonianos desde un genuino sentido del humor yanqui. He de admitir que el tal Holmes –me refiero al médico escritor y no al legendario detective británico— hubiera seguido siendo para mí un ilustre desconocido si no hubiera sido porque escribió un libro, a modo de charla en prosa, titulado The autocrat of breakfast table (El autócrata del desayuno. 1857). Navegando por internet a la búsqueda de una sola gota de aceite de oliva en la historia de los desayunos norteamericanos me encontré con él, y ciertamente nada tiene que ver con las tostadas mañaneras.
El hecho es que accedí al libro de Holmes, comprobando que la alusión al desayuno que se hacía en el título no se refería a la acción de romper el ayuno nocturno, que era lo que de verdad me interesaba. Entresaqué de él, bote pronto, algunas frases pese a mi torpe inglés: “El ruido que produce un beso no es tan fuerte como el de un cañonazo, pero su eco dura mucho más tiempo”. Y esta otra: “El espíritu de un fanático es como la pupila del ojo; cuanto más intensa es la luz que le llega, más se contrae”.
Por fin encontré en el libro de Holmes una pequeña referencia a las viandas que justificara lo del desayuno del autócrata: “Los hombres, como las manzanas y las peras, toman un poco de dulzura antes de que comiencen a estropearse”. Ello me hizo pensar cuan longevos son los tiranos, los caciques, los dictadores y los poderosos fanáticos, y cómo al final de sus días nos muestran siempre una plácida apariencia de abuelitos entrañables. A esa edad sólo se desayunan con las ínfulas del cisne que está presto a cantar antes de morir. Sólo su arrogancia cruel les ha hecho creer durante toda la vida que, como al gallo desquiciado, el sol ha salido cada mañana exclusivamente para oírlos cantar a ellos sus nanas de muerte y sufrimiento.
Por: ©José María Suárez Gallego | Artículos de prensa | Comentarios (0) | Referencias (0)
Sábado, 08 de agosto de 2009

Colonos de Carboneros, de José Antonio Rivas.
Por: ©José María Suárez Gallego | Colonización de Sierra Morena | Comentarios (0) | Referencias (0)
Sábado, 25 de julio de 2009
José María Suárez Gallego
Publicado en diario
el domingo 26 de julio de 2009.

Desayuno basura (Siro López)
Las mañanas de los sábados me gusta desarmarlas con la íntima vocación quirúrgica con las que se disecciona a sí mismo un artilugio casero adquirido en los almacenes de los chinos. Leer la prensa a los sones magistrales del crujir de unas tostadas de pan henchido con aceite de oliva virgen extra, es una de las actividades que más endorfinas producen en mis entretelas gastronómicas. El verdadero clímax en esta sorprendente erótica del condumio se alcanza cuando estos menesteres de la ingesta matutina se ejercen en una terraza, justo en la frontera del “solysombra” que nos caldea el éxtasis de nuestra holganza.
La cocina es la suprema habilidad de la paciencia, capaz de transmutar la Naturaleza en Arte –con mayúsculas—, precisamente en una época en la que el reloj nos tiraniza sin piedad y las prisas se han afincado en nuestras vidas como sólo saben hacerlo los parientes pejigueras. Los avances tecnológicos que nos han llevado a creernos a pies juntillas este mito que llamamos progreso, no siempre son sinónimos de calidad de vida. Baste con observar que mientras se han conseguido grabar los sonidos, perpetuar las imágenes, rescatar los sueños e inventarnos una realidad virtual, afortunadamente aún no se ha descubierto un artefacto que nos describa la geometría de los sabores de un simple trozo de pan de pueblo preñado con un aceite de oliva virgen extra. Ni el más sofisticado de los aparatos puede, de momento, “vivir por nosotros” el mundo de sensaciones que delimitan los puntos cardinales de una mesa con mantel, un desayuno sin prisa, una tertulia animada y un mundo incorregible plasmado en las páginas de un periódico.
Frente al último bocado de la tostada del sábado, reflexiono sobre qué me habrá de helar el corazón después del desayuno, si será el pan frito o los picatostes. A fin de cuentas el secreto de la buena vida no es otro que saber elegir entre la sugerente diversidad del tedio cotidiano. Eso que a modo de dulce muerte nos va diluyendo en nuestras propias contradicciones.
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Miércoles, 15 de julio de 2009

De izquierda a derecha los componentes del núcleo central de la directiva de “Gasterea”: Silverio Fernández Sáez (Tesorero), Manuel Rincón García (presidente), y José María Suárez Gallego (secretario general)
(Información procedente de www.gasterea.org)
(Redacción) La asociación que agrupa a comentaristas, críticos y escritores gastronómicos de Andalucía “Gasterea”, constituida formalmente hace cuatro años, ha elegido en Úbeda (Jaén) recientemente a su nueva Junta Directiva, que a partir de ahora va a estar presidida por el sevillano Manuel Rincón García, quien durante casi una década ha sido el popular cocinero de Canal Sur, varias veces premiado como investigador y divulgador de la cocina andaluza, estando en la actualidad al frente, como director de contenidos y autor del proyecto, del portal digital www.fogonrural.es de la Asociación para el Desarrollo Rural de Andalucía (ARA). Manolo Rincón, como se le conoce en el mundo de la comunicación gastronómica, es socio fundador de “Gasterea” y hasta ahora venía ocupando su vicepresidencia.
Al frente de la secretaria general ha sido ratificado por un nuevo periodo de cuatro años José María Suárez Gallego, cronista oficial de Guarromán, granadino de nacimiento afincado en Jaén, también socio fundador de “Gasterea”, escritor e investigador, consejero de número del Instituto de Estudios Giennenses, institución en la que ha promovido y coordina la Sección de Cultura de los Alimentos y Gastronomía; preside como maestre prior la prestigiosa Orden de la Cuchara de Palo, y la Academia de Gastronomía y Cultura Tradicional del Alto Guadalquivir, colaborando asiduamente con emisoras de la Cadena Ser y otros medios escritos.
De la tesorería de “Gasterea” se va a ocupar el corresponsal de diario Jaén en las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena, Silverio Fernández Sáez, que ha dirigido también la emisora municipal Radio La Carolina, siendo corresponsal de la Agencia EFE en Jaén. Con él se incorpora al equipo directivo un fotógrafo especializado en temas gastronómicos.
El nuevo presidente de Gasterea, Manolo Rincón, ha expresado su deseo de trabajar decididamente junto a la nueva Junta Directiva para que la Asociación acoja a cuantos escritores, periodistas e investigadores escriban, opinen o hagan crítica en los medios de comunicación, sea cual sea su formato, sobre temas gastronómicos relacionados con Andalucía, desde el rigor informativo, la seriedad divulgativa y la calidad profesional.
"La actividad gastronomía, en todas sus facetas, –declaró la nueva Junta Directiva— representa hoy por hoy un potencial de desarrollo de la sociedad andaluza que no sólo hay que cuantificar en términos económicos y culturales, sino que hay que, literalmente, mimarla y potenciarla como una de nuestras señas de identidad más valoradas. La calidad como el primer exponente de una gastronomía de “excelencia” ofertable desde Andalucía es el objetivo que desde “Gasterea” pretendemos consolidar en todos cuantos nos dedicamos a comentar, criticar y escribir sobre este importante tema."
Noticia en la web del diario Jaén
Noticia en la web afuegolento.com

Por: ©José María Suárez Gallego | Actividades del Cronista de Guarromán | Comentarios (0) | Referencias (0)
Jueves, 09 de julio de 2009
José María Suárez Gallego
Publicado en diario ![]()

(A Michael Jackson, piadosamente, y a cuantos no nos dispararon porque creyeron que éramos amigos de Gary Cooper)
Mira, paisano, el martes fatídico en el que Manhattan dejó de ser el argumento poderoso y trepidante de la encíclica en blanco y negro que nos escribiera en treinta y cinco milímetros Woody Allen, yo andaba a las tres menos cuarto de la tarde dándome un sabaneo de reflexiones tabernarias con mi amigo Juanito Caldivache, aquel que las mañanas de agosto --cuando veraneábamos en el mar de Cádiz-- se iba a robar higos chumbos tras las alambradas de la base naval de Rota, y al ser sorprendido por los marines norteamericanos levantaba las manos y les gritaba: ¡No disparéis, no disparéis que soy amigo de Gary Cooper!, porque Gary Cooper, paisano, según mi amigo, tal vez haya sido el mejor prototipo de todos los americanos del norte heroicos, abnegados y cabales que en el mundo han sido. Memorables fueron sus papeles de soldado defensor de libertades o de sheriff justiciero en Adiós a las armas (1932), Beau Geste (1939), Sargento York, (1941), ¿Por quién doblan las campanas? (1943), El árbol del ahorcado (1959) y Solo ante el peligro (1952), películas que me ha relatado hasta la saciedad mi amigo Caldivache entre tintos con gaseosa y cucharros de aceite con bacalao.
Aquel martes, 11 de septiembre sombrío, tan lóbrego y tétrico como aquel otro 11 de septiembre en Santiago de Chile cuando Amanda se quedó esperando a Manuel frente a la fábrica –la vida es eterna en cinco minutos--, a las tres de la tarde la CNN nos traía al televisor de la taberna los versos de Federico García Lorca: “La muerte / entra y sale / de la taberna. / Pasan caballos negros / y gente siniestra / por los hondos caminos / de la guitarra.” Las Torres Gemelas ardiendo despeñaban desde el cielo los versos de Federico: “La aurora de Nueva York tiene / cuatro columnas de cieno / y un huracán de negras palomas / que chapotean las aguas podridas. / La aurora de Nueva York gime / por las inmensas escaleras / buscando entre las aristas / nardos de angustia dibujada.”
Bien sabes, paisano, que mientras le damos cuerda al tren de nuestras vidas todos los fanatismos irán devorándose unos a otros, por eso, trágicamente, nunca falta un fanático integrista que se convierta en la mosca cojonera del mundo "civilizado" de Gary Cooper, ni un yupi despiadado de Wall Street que desde su teléfono móvil siga comprando y vendiendo a precio de saldo las acciones del hambre y el miedo de los que nada tienen. Otra vez Federico en Nueva York: “Si me quito los ojos de la jirafa, / me pongo los ojos de la cocodrila.” Mi amigo Caldivache, que no ha leído a Lorca, te lo diría así: “Una patada en la entrepierna duele muchísimo, sobre todo cuando es tu entrepierna la que patean”.
Pero que hable de nuevo Federico, paisano: “Nueva York de cieno, / Nueva York de alambre y de muerte. / ¿Qué ángel llevas oculto en la mejilla? / ¿Qué voz perfecta dirá las verdades del trigo?” Irremediablemente “el rey de Harlem con una cuchara, arrancaba los ojos a los cocodrilos” hundido en un grito: ¡No disparéis, no disparéis que soy el alma de Gary Cooper!

Cuchara con la que el rey de Harlem le arrancaba los ojos a los cocodrilos .
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Jueves, 18 de junio de 2009
José María Suárez Gallego
Publicado en diario
el domingo 21 de junio de 2009.

La apabullante ferocidad con la que la realidad irrumpe en nuestro vivir de cada día a través de los medios audiovisuales, hace que, a modo de autodefensa, acabemos exiliándonos en una irrealidad lúdica, como evidencia el auge de las “consolas” virtuales. Es como si nuestra conciencia --el conocimiento exacto y reflexivo de las cosas-- se saturara de la cruda existencia, sobre todo de la que viven otros, y lejos de asustarnos o conmovernos, simplemente nos resultara indiferente. La consecuencia es que todo lo que no nos atañe muy directamente acaba resbalándonos, resultándonos más cómodo, divertido y atrayente perdernos en la verdad posible que esconde toda ficción y todo misterio, antes que enfrentarnos a la realidad ajena.
Los avances tecnológicos de las ultimas décadas nos han parido engendros gastronómicos que hemos aceptado sin cuestionarlos, que se encuadran dentro de la irrealidad lúdica de la que hablamos: Cerveza sin alcohol, leche desnatada, jamón sin tocino, yogures bio, angulas sin ojos, sucedáneo de marisco, sopas instantáneas, pollos hormonados, dulces sin azúcar, café descafeinado, pan de chicle y comida rápida “américan style”, tras la que –dicho sea de paso— se esconde toda una filosofía de la llamada “ingeniería histórica” por la cual los pequeños aconteceres de nuestras vidas –y el comer es uno de ellos-- han de encajarse de forma perfecta y anónima en el puzzle de los grandes sucesos históricos, siempre acordes éstos con los intereses de quienes manejan las riendas del mundo. Es a la hora de las comidas, precisamente, cuando los telediarios, entre cucharada y cucharada de sopa, nos hacen creer que nuestra anodina vida forma parte del devenir glorioso de la Historia.
El gran secreto para que la democracia funcione reside en la habilidad que sus dirigentes tengan para “fabricarse” el consentimiento de los ciudadanos, en su mayoría votantes de diseño que se alimentan de “manjares” que sólo existen como tales en la etiqueta que los envuelve.
Por: ©José María Suárez Gallego | Artículos de prensa | Comentarios (0) | Referencias (0)
Domingo, 14 de junio de 2009
Pese a que al pueblo de Israel se le denomine en la Biblia como “la viña del señor”, y el bíblico Noé sea tenido como el mítico descubridor de las excelencias del vino, en nuestra cultura, tan enraizada en la de los pueblos semitas, hablar de él en público, llegando a ensalzarlo y a glosarlo, es algo que hasta no hace mucho tiempo no sólo tenía mala prensa, sino que no era tema apropiado para tratarlo en el ámbito académico. No era cosa de gente cabal, que dirían los flamencos y los taurinos.
Eso de hablar del vino era cosa propia de las tabernas, de su entono y de sus parroquianos, por mucho que Dumas, padre, se empeñara en afirmar que “el vino es la parte intelectual de la comida”, y que el inefable Álvaro Cunqueiro en uno de sus artículos titulado “Las buenas cosas” nos dijera «sin vino no hay cocina, y sin cocina no hay salvación, ni en este mundo ni en el otro», sabia enseñanza que había aprendido del periodista, escritor y polígrafo Pedro Mourlane Michelena (1888-1955), “estando ambos dando fin a unas perdices manchegas, que no las comió mejor escabechadas mi señor don Quijote en las ventas de Puerto-Lápiche o en las del «antiguo y conocido campo de Montiel»”.
Lo cierto es que durante mucho tiempo, aunque el vino fuera la parte intelectual de la comida, estaba vedado como tema de conversación pública de los intelectuales, y aunque fuera el germen de la salvación en este mundo y en el otro, era propio de los perdedores vitales, esos que cada día recibían un doctorado honoris causa en el aula magna de la calle, en el pupitre en el que se convierten los mostradores de las viejas tabernas del sur cuando las guitarras quiebran con sus bordones las aristas de los días, precisamente cuando se le acaba ganando la partida a la existencia con un volapié de requiebro en los mismos cuernos del destino.Hasta hace bien poco eso de que el vino y las tabernas formaran parte de la cultura oficial no era más que una tímida pretensión de quienes querían dar a su afición a la tertulia, con vino de por medio, una noble legitimidad. ¡Como si la necesitara el crisol en el que el cante y los toros se hicieron verbo! El verbo, que, irremediablemente, acabó haciéndosenos patria entre nosotros.
Hay quienes, pese a todo, en torno al vino han orquestado históricamente una cultura de la hipocresía. Son los puristas de siempre, que haberlos los ha habido, háylos, y los habrá, siendo significativos como arquetipos de ellos los ortodoxos del toreo y del cante, los cuales les llevan décadas de ventaja de purismo puritano a los puristas del vino. Contra ellos han peleado todas las huestes de la cultura heterodoxa, ciertamente con resultados desiguales.
Esta hipocresía frente al vino y a sus efectos, el pueblo llano, parangón del tabernismo desharrapado, lo traslada a su cultura popular a través de las letras de alguna canciones, que más que himnos son sentencias, como la de este corrido mejicano, que muy bien pudiera haberse cantado también a este lado del Atlántico en cualquier época de nuestra historia, y en cualquier taberna de nuestra geografía:
“Cuando un pobre se emborracha
con un rico en compañía,
lo del pobre es borrachera
y lo del rico alegría”.
[…]
Por: ©José María Suárez Gallego | Actividades del Cronista de Guarromán | Comentarios (0) | Referencias (0)